Leí en un libro que para saber lo que es ser luz uno debe ir a la obscuridad.
Si bien este libro tenía connotación espiritual entendí que este principio es totalmente válido en nuestra vida diaria, uno no sabe lo que es mientras no pueda compararlo con lo que uno no es.
En el caso de esta gran familia Arguello-Bazante-Vega-Viteri (en orden alfabético), personalmente me siento feliz y orgulloso de pertenecer a ella, sin embargo en momentos de reflexión me cuestionaba que significaba estar orgulloso de ser miembro de una familia, o acaso era simplemente un eslogan para denotar felicidad. Esta duda me daba vueltas en la cabeza, entender que significaba estar orgulloso de mis raíces y que significado le daba a mi vida diaria.
La providencia divina se apiadó de mi torturada mente y tuve que asistir a un taller de desarrollo familiar en la escuela de mi hijo Gonzalo Emilio, donde la actividad central era que las mujeres listen las características que soñaban que sus parejas dejen en el olvido y también que los hombres generen un catálogo de las actitudes más reprochables de sus cónyuges.
Luego de unos cortos minutos de preparación de la artillería, extremadamente cortos desde mi punto de vista que demostraba que las personas que asistieron llevaban en su mente, desde hace mucho tiempo, un recuento de estas características, empezaron a sonar los disparos de quejas de uno y otro lado. Los hombres querían que las mujeres dejen de ser mandonas, gritonas, despilfarradoras, vanidosas, vanas y celosas. Por su parte las mujeres respondían a los ataques pidiendo que los hombres dejen de ser mamitis, groseros, agresivos, busca pleitos, tacaños, descomedidos, mal hablados, vagos y mujeriegos.
Al fragor de esta discusión, de repente, me sentí rodeado por la oscuridad de la sociedad actual y entendí la luz que significa para mi ser parte de esta familia. Era sentirme orgulloso de tener el ejemplo de hombres que no fueron o no son: machista o vagos y en cambio fueron o son: trabajadores, alegres, tolerantes, soñadores y honestos, caminando junto, nunca atrás o adelante, de mujeres amorosas, luchadoras, dedicadas y generosas.
En aquel taller, ventajosamente, no pude participar, pues no tenía nada negativo que decir acerca de mi esposa, mi madre o de mi familia porque somos un grupo algo diferente a la mayoría de la sociedad actual. Somos una tribu donde el respeto, el amor y la comprensión son valores aprendidos y practicados desde hace ya varias generaciones, en la cual uno se siente feliz por el calor humano de cada uno de sus miembros.
En mi día a día ahora entiendo lo que es sentirse feliz y orgulloso de mi familia.
Un feliz día.
